Susana Pardo

VARIACIONES EN PEQUEÑO FORMATO

La naturaleza dispara. Claudia Rebeca Lorenzo

Claudia Rebeca Lorenzo. Txukela. 2020. Instalación. Foto M. Blanco pintora, escultura, española, europea

En las piezas de Lorenzo está implícita la historia del arte con sus corrientes expresionistas abstractas, así como la amplia investigación de lenguajes plásticos fauvistas y figurativos. Su forma intuitiva de trabajar parte del dibujo que le permite incidir en la materialidad de las formas, líneas, pinceladas, colores, manchas, texturas y trazos. La pintura va apareciendo de modo azaroso y abstracto, sin plantear un tema o concepto previo; es su mano la que piensa mientras dibuja y pinta, no su mente racional. En el propio hacer, es la acción la que discurre y configura ciertas formas que, a posteriori, podrán reconocerse como vegetación, rostros o figuras.

 

Obra de Claudia Rebeca Lorenzo, Escultura, Pintora, española, Europea,

Esas apariencias rememoran un primitivismo ancestral, un espacio frondoso y colorido reinterpretado del natural donde el ser humano es uno más. Un proceso abierto de crecimiento orgánico que la artista continúa en la realización de collages que se salen del papel o el lienzo a modo de relieves, para terminar en las tres dimensiones que le proporciona la escultura.

En ese sistema de trabajo, el proceso es una parte esencial; y es así, porque en el mismo hacer, en la continua construcción y elaboración de las piezas, cobra especial relevancia identificar plenamente el arte con la vida. La artista se concede intervenir sobre sus propios objetos artísticos sin censuras; todo lo que forma parte de la experiencia de existir es incorporado y validado: ya sea el movimiento, el aprendizaje, los elementos de nuestro entorno, la mezcla de percepciones cognitivas y emocionales, las mutaciones o la superación de los marcos de referencia. El rítmico proceso de elaboración en las obras se confunde con la propia acción vital; ambos ejercicios se desarrollan en un tiempo y espacio extendido garantizando la expansión de los procesos creativos y generativos.

Obra de Claudia Rebeca Lorenzo, Escultura, Pintora, española, Europea
Obra de Claudia Rebeca Lorenzo, Escultura, Pintora, española, Europea

Mantenemos una extraña y absurda guerra contra lo natural, como si nosotros no formáramos parte de ella; tratamos de ordenar y acotar la vida, mantenerla dentro de límites cartesianos, en parterres geométricos o ciudades de bloques con aristas cortantes, sin pensar en el efecto que esto produce en la psique de las personas o en el alma humana. Aparecen corrientes de pensamiento como el racionalismo o el minimalismo para dar a luz lenguajes simples y en equilibrio con el ser humano; formas de estructurar y simplificar la vida, espacios físicos y mentales donde descansar en la armonía de la expresión lógica. Sin embargo, en las últimas décadas esta sencillez ha desembocado en la creación de un lenguaje no conflictivo o políticamente correcto; ya sea en el diseño gráfico, en el interiorismo y la moda, en el arte y la arquitectura se privilegia lo sobrio y lo claro, aquello que sea asequible, fácil de asimilar y entender por una mayoría.

Lo global y homogéneo facilita el mercado. Unificar el gusto es rentable; sin embargo, considerar a los individuos como seres uniformes e indiferenciados provoca consecuencias nefastas. Esta tendencia creciente a estandarizar y categorizar a las personas en unos pocos grupos tipificados y perfectamente etiquetados reduce al individuo, su pensamiento y creatividad queda mermada y, lo más grave, aniquila toda opinión personal o respuesta crítica.

Y es que, queramos o no, la naturaleza es compleja y diversa, laberíntica y recargada, plana y vacía, exuberante y mínimal, llena de color y anodina, es una jungla y un desierto, un lago en calma y una tempestad. Ordenarla implica acabar con esa maraña de posibilidades e infinidad de opciones; una tremenda insensatez porque atenta contra la propia existencia. Es imprescindible valorar lo único y original en la naturaleza, lo que implica proteger la idea del yo y los valores humanos de lo identitario y la subjetividad. Da igual cómo queramos retorcer y asfixiar la vida en cualquiera de sus variantes, ella siempre responde a sí misma y propone su infinitud creativa: no una flor, sino cientos de miles, no un insecto, sino millones de ellos, no una especie animal sino una inmensa variedad, no una comunidad universal sino un complejo entramado de individualidades con vínculos afectivos capaces de crear cultura. Una naturaleza expandida siempre más voluptuosa y colorista, con más formas y asociaciones que vienen a ganar la partida.

Obra de Claudia Rebeca Lorenzo, Escultura, Pintora, española, Europea

 

Y aquí aparece el centro de la propuesta de Claudia Rebeca Lorenzo: la variación. Ella la plantea desde su ejercicio plástico procesual, logrando formas inéditas a medida que añade algo nuevo, ya sea un material, una forma o un color. El cambio, la mutación, la adhesión o sustracción entraña una variación que da lugar a una estructura y apariencia diferente y, por tanto, otro ente. La variación es generativa, creadora de nuevas formas orgánicas e individuos, trae consigo la adaptación y, por tanto, implica la supervivencia ante lo nuevo e imprevisto. Es crucial entender que lo diferente aplicado a cualquier nivel, aquello que singulariza y distingue permite que la naturaleza se expanda y enriquezca; pero además, para la humanidad, la complejidad es necesaria porque la unión de las múltiples subjetividades trae consigo un desarrollo de nuestro potencial creativo así como el incremento de la conciencia.

Las industrias y tecnologías no ofrecen la economía de medios para la paz de espíritu; mas bien al contrario, el mundo de los negocios y, más concretamente, los mercados bursátiles solo buscan la rentabilidad máxima al mínimo coste. Ser eficiente a cualquier precio conlleva lo que anuncia la artista: que llega la naturaleza y nos dispara. Sin embargo, más que matar, estaríamos hablando de un suicidio programado por la ceguera humana. La naturaleza nos acoge y nos pone sobre aviso para advertirnos que el arma la empuña este falso ecologismo sustentado solo en la economía. La naturaleza es dadora de vida y ofrece diálogo; y nosotros necesitamos convertirnos en una especie de Tarzán del siglo XXI, para ser capaces de comunicarnos, entender y disfrutar con el resto de seres vivos, transformar nuestra mirada en una forma de conocimiento y respeto para una convivencia armónica con el entorno, los otros y nosotros mismos.

Obra de Claudia Rebeca Lorenzo Alrededor de una cabeza, Escultora, pintora, española, europea
Obra de Claudia Rebeca Lorenzo, Escultura, Pintora, española, Europea
Obra de Claudia Rebeca Lorenzo. Txukela. 2020. Instalación, pintora, escultora, española, europea
Achanta la mui, Obra de Claudia Rebeca Lorenzo, pintora, escultora, española, europea

Los artistas en general y Lorenzo en particular, se convierten en el chamán contemporáneo, conmocionado por esta materia; consciente y preparado, el artista-chamán utiliza la memoria de la historia del arte para establecer este diálogo necesario entre arte y vida. El arte, como ficción que se sabe creativa y generadora de pensamiento y acción, utiliza la mentira para un verdadero ecologismo, crea una realidad utópica de verdadera comunión como propuesta de futuro.

La galería Art Nueve acoge una sutil representación de todo este trabajo y pensamiento de Claudia Rebeca con una selección de obras pequeñas y discretas en las que la artista, convertida en profeta, anuncia la venida de un momento de auténtica unión entre todos los integrantes de nuestro mundo natural. Nos habla de lo orgánico en toda su extensión, de cómo las plantas y los animales de cualquier especie están dotados de una enorme fuerza, mientras que sus figuras y personajes humanizados son entes primitivos, a medio camino o al margen de la vida, sin capacidad de comprender la relación o el diálogo que la naturaleza propone.

Obra de Claudia Rebeca Lorenzo, Escultura, Pintora, española, Europea

La naturaleza dispara pero de momento no apunta a matar, espera a que la humanidad deje de mirarse el ombligo. La naturaleza no es solo un lugar de uso y abuso, nosotros mismos somos naturaleza. En teoría, el ser humano es la parte consciente de la naturaleza, la que debería comprender el proceso vital y creativo y nutrirla de sí misma; pero sobre todo, Claudia Rebeca Lorenzo nos muestra el arte en movimiento y la importancia de la variación en la naturaleza, donde lo bello natural o clásico y las variaciones sobrenaturales o monstruosas se conjugan para una universalidad inacabada, siempre en un continuo hacerse rítmico.

De este modo, sus obras están impregnadas de posibilidades donde la naturaleza crece sin control, por la exuberante expresión de la vida, ya sea vegetal, animal o humana. La artista expone la naturaleza como el último eslabón de la cadena orgánica; no ha escogido el instinto de un animal superior o la inteligencia humana para que ostente la cúspide de la pirámide evolutiva, sino la propia naturaleza, es decir, coloca en este punto culminante o fin último a la conciencia natural que acoge por igual los pétalos de una flor, los troncos, ramas u hojas de un árbol, las alas de una aparente mariposa, una cabeza o un rostro, sin ninguna jerarquía definida.

Con el título, La naturaleza dispara, se hace referencia a quién está al mando, a cómo la naturaleza se impone frente al resto de opciones creadoras. Algo que cualquiera de nosotros ha podido comprobar en el espacio natural o en aquel jardín donde se deja de intervenir o el patio que se descuida: crecen los musgos y mohos, se llena de vegetación e insectos, colonias de gatos o reptiles de todo tipo, etc. La naturaleza es imperativa y si el individuo trata de arrasarla o doblegarla se arruina a sí mismo, mientras que ella vuelve a resurgir.

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