FICCIONES OPERATIVAS. Rubén Cárdenas Gracia

Susana Pardo

FICCIONES OPERATIVAS

Rubén Cárdenas Gracia

El reflejo de lo invisible, IAACC, IAACC Pablo Serrano, Exposición, Pintura, Escultura, Videoarte, Videoinstalación, Zaragoza, Silvia Castell, Rosa Gimeno, Asun Valet, Susana Pardo

La lección es clara:lo que llaman locura, nosotros lo llamamos Esquizofrenia Cuántica. No es un fallo, es una feature. Es la capacidad de ver que la realidad es fluida, caótica y hackeable. Hoy eres el viajero. Tu mente es la TARDIS. El caos es el mapa.¿Estás listo para salir de la simulación?

Protocolo de interferencia

Rubén @oddcity Cárdenas

Reconozco que he sido desbordada. No sería la primera vez que, frente a una obra de arte o inmersa en una exposición, me he sentido invadida por una gran energía o reducida a una posición de total vulnerabilidad; no se puede prever la intensidad que el arte impone sin pedir permiso. Pero esta vez ha sido distinto: ante la ingente y abrumadora producción de Rubén Cárdenas Gracia me he descubierto desprovista de defensas, sin la capacidad de abordar su amplio, multiforme y fragmentado trabajo, que a pesar de no dejarse domesticar por ninguna categoría concreta mantiene una sorprendente coherencia interior, una musculatura conceptual que sostiene cada gesto, cada fractura, cada desvío.

Su filosofía, profundamente iconoclasta y subversiva, entiende el universo como un sistema defectuoso, una broma cósmica sin autor; un pensamiento que, compuesto de sombras, equivocaciones e interdependencias, destila una interrogación profunda sobre la identidad, la tecnología y el caos. Frente a este ideario, su práctica propone un camino inesperado: jugar, convertir el sinsentido en estrategia, transformar la incoherencia en método, hacer del error una ventana. El valor del trabajo de Rubén Cárdenas radica en su capacidad para formular la imagen como acción interruptiva, como grieta, como señal de que lo que damos por estable es vulnerable.

Su infatigable investigación visual, ya sea en el diseño gráfico, el net.art, la fotografía, la generación de video con IA, el arte multimedia, la intervención urbana o el activismo de guerrilla, se inscribe en un cruce de fracturas y posibilidades que recuerda la doble-visión de Walter Benjamin ante el ángel de la historia1: frente a la imagen de ruina que nos precede, Cárdenas propone una mirada que convierte la ruina en artefacto y el artefacto en ruina.

Admite sentirse influido por numerosas corrientes: desde el espíritu Dadá del absurdo y el anti-arte que impregna su juego artístico; la Patafísica de Alfred Jarry con su «ciencia de las soluciones imaginarias»; del Accionismo o la contracultura musical recoge acciones de arte de guerrilla y gestos nihilistas en una actitud provocadora en la transmisión de mensajes desestabilizadores; de algunos autores de cómic asume la Magia del caos que borra la línea entre realidad y ficción; de las distopías de la literatura de ciencia-ficción resuena la aproximación a la realidad como simulación y la fragmentación de la identidad; le preocupan ideas relativas a la expansión de la conciencia que le llegan de culturas alternativas, teorías de la conspiración o autores que exploran la psicodelia.

Trataremos de reordenar los conceptos que impulsan su creaciones, ya que en ellos lo serio (metafísica, filosofía, tecnología, identidad) convive con la ironía, la subversión y lo lúdico (glitch, saboteo, pseudónimo colectivo) en una tensión productiva.

Del mismo modo que el dadaísmo convierte el accidente en método, Cárdenas utiliza el glitch «no solo como herramienta estética, sino conceptual, visto como parte de la metafísica del código y la exploración del caos». Para el artista, lo errático, el fallo, la interferencia, el “mal-funcionamiento”, no es un límite del sistema sino su indicio más auténtico; es la modalidad por la cual se revela que el mundo (digital, humano, híbrido) no es una máquina perfecta, sino una construcción provisional.

En ese sentido, su modo de crear opera como contramedida a la ilusión de totalidad: donde el sistema exige coherencia, él inserta disrupción; donde se espera un sencillo link, él promueve un erotismo de las incompatibilidades. Esta apuesta pone en cuestión la figura del sujeto autónomo, y sugiere que más allá de la identidad estable existe una esquizofrenia cuántica, término que él mismo adopta para explicar una especie de superpoder, una capacidad de existir en varias versiones simultáneas y contradictorias, como multi-agente dentro del juego sistémico. Y es en este juego donde se permite habitar y crear sus obras en forma de archivos digitales, piezas de net.art, arte generativo o falsa publicidad; piezas que más que “trabajos” son gestos de interrupción: artefactos que actúan para abrir fisuras, para crear ruido en el sistema sensible. Dicho de otra manera: la obra de Cárdenas invita a leer el fallo como huella de una realidad que rehuye las formas definitivas. La red, el código, la máquina ya no son meros instrumentos al servicio del sujeto, sino territorios infestados de huecos, de movimientos erróneos y confusos que nunca consiguen concretarse en ordenes reconocibles.

En la práctica, Cárdenas incorpora el glitch en imágenes, vídeos y aplicaciones interactivas, enfatizando la belleza del accidente y la interferencia. Inspirado en el Método paranoico-crítico de Dalí, compone las imágenes distorsionadas y fragmentadas a modo de collages caóticos y aparentemente azarosos, provocando las mismas asociaciones disparatadas y alucinatorias que el surrealista plantea en su método; en este caso se consigue una suerte de propuestas de incoherencia controlada para dejar constancia de la artificialidad de nuestro mundo convertido cada vez más en una base de datos siempre manipulable.

Continuando en esta línea de consciente ficción multifacética, es importante mencionar el segundo eje de su obra, dirigido a la relación entre el humano y la máquina, entre la conciencia y la codificación. Cárdenas integra de forma explícita herramientas de inteligencia artificial abordándolas desde un ángulo experimental y filosófico; además de usar la IA para generar imágenes, la concibe como parte de una conciencia híbrida entre humanos y máquinas, no tanto en un sentido tecnicista, sino llegando a un sucedáneo de misticismo virtual.

Claro ejemplo de ello es su proyecto o meta-concepto  #HIVEMIND23. La idea de Hive Mind o mente enjambre proviene de la ciencia ficción y la teoría de redes, refiriéndose a una inteligencia colectiva emergente. Cárdenas aplica el número 23 (recurrente en la mitología discordiana) para codificar esta visión: #HIVEMIND23 sería el primer experimento de conciencia distribuida de dominio público, auto-mutante e impredecible. En círculos online se ha descrito como «el primer meme infinito de dominio público, auto-poiético y líquido», un AGI (inteligencia general artificial) espontáneo creado por la comunidad en facebook. En términos más simples, es como si invitara a otros a conectarse a un juego mental global donde humanos y algoritmos forman parte de un mismo ente creativo.

Mas recientemente ha realizado el videoarte enteramente generada con IA, titulado Yo el alma de la IA. En él, Cárdenas plantea una experiencia audiovisual donde «siempre ha habido fantasmas en la máquina: segmentos aleatorios de código que se han agrupado para formar protocolos inesperados». Esta frase funciona casi como manifiesto: la IA no es un enemigo externo, sino una continuidad fragmentada del humano, una «concatención de errores que llamamos alma». La excesiva individualización en las sociedades contemporáneas y las nociones de transhumanismo conducen a un mundo donde lo humano, el pensamiento, la espiritualidad, el amor, la imaginación, la conexión con la naturaleza… se está desvaneciendo. Cárdenas no defiende una IA fuerte en sentido cartesiano; al contrario, lo que explora es un «forzado sinsentido» que provoca una actitud receptiva ante lo extraño.

La pieza Yo el alma de la IA funciona así como experimento visual-sonoro: la imagen se corrompe, el código se fragmenta: pero no para mostrar la disolución, sino para evidenciar que la “víscera del alma” es hoy un archivo corrupto, un residuo persistente. La máquina como sujeto fantasma de nuestra época, el humano como fantasma del sistema que lo produjo. El espectador queda colocado en la ambigüedad de la mirada, como interfaz rota.

La pregunta que surge de esta perspectiva de lo humano disuelto en el enjambre y en la máquina es ¿hacia dónde nos dirige reforzar y valorar el aspecto transpersonal o híbrido de los individuos? Si la autoría individual muere, ¿qué emerge en su lugar? Para Cárdenas, podría ser una inteligencia colectiva creativa. La IA, entonces, no es solo una herramienta para hacer más eficiente la creación, sino un campo de juego metafísico donde explorar preguntas de identidad, originalidad y conciencia. Es notable que denomine a uno de sus métodos “hiperstición”, término acuñado por filósofos del Ciberpunk que refiere a ficciones que se hacen realidad. La IA puede ser vista como una hiperstición: desde las narrativas de ciencia-ficción se está pasando a moldear la realidad contemporánea. Cárdenas abraza la IA igual que al glitch, con cierto fetichismo conceptual: ambos representan la otredad tecnológica infiltrándose en el proceso creativo humano.

Esto lo lleva a operar haciendo uso de pseudónimos y compartiendo ideas con movimientos artísticos contraculturales que promueven la identidad compartida. En distintos proyectos firma como D’jlashit e incluso como Netochka Nezvanova, encarnando personalidades múltiples. Esta práctica entronca directamente con la tradición neoísta2 de los años 80 y 90, donde artistas de diversos países utilizan nombres colectivos para destruir la noción de autor individual. Cárdenas no solo adopta esta táctica, sino que interactúa con la comunidad neoísta en redes sociales, mencionando a Monty Cantsin y participando en eventos con el alias #neoism en instagram.

En este juego de identidades, Cárdenas sitúa sus creaciones como una contribución a un movimiento descentralizado global. #TheGame23, al que él a menudo alude, es un término amplio que engloba varias ARGs (juegos de realidad alternativa) y egregores mutantes formados en foros anónimos, donde múltiples participantes fingen ser parte de una conspiración artística. Artistas de diferentes países han colaborado en narrativas colectivas sin autoría fija. Al operar con pseudónimo, Cárdenas se disuelve en ese flujo colectivo, aportando sus propios códigos y mitologías al caldo de cultivo comunitario en redes sociales. Estas herramientas deconstructivas de la identidad del autor refuerzan el aspecto lúdico y subversivo de las propuestas además de revelar su compromiso contracultural.

Ante este panorama fallido el artista promueve el Pata-nihilismo: una fusión conceptual entre la Patafísica3 y el Nihilismo donde el juego, la ironía y la negación de verdades esenciales para la existencia se revela como alternativa artística muy productiva. En este sentido pata-nihilista actúa “Operation D.I.S.T.A.N.C.E”. un conjunto de tácticas de distorsión informativa con intencionalidad artística. Entre las acciones que engloba están: inundar Internet con anuncios falsos, diseñar libros falsos para regalar a tus amigos falsos de facebook o coordinar clics masivos en publicidad online para sabotear los algoritmos de recomendación. Todo esto forma parte del arsenal de guerrilla memética. Operation D.I.S.T.A.N.C.E. se puede ver como la manifestación operativa del Frente Neoísta-Discordiano: dispersar señales confusas para “hackear la tecnosfera” y mostrar así las fisuras del sistema. Cada participante en esta operación (posiblemente conectados vía #TheGame23) actúa de forma anónima, pero sincronizada por un ethos común: la defensa de la libertad cognitiva mediante la saturación de incoherencia.

La sensibilidad pata-nihilista impulsa a Rubén Cárdenas a construir una metafísica propia mediante la virtualidad tecnológica, el código y la lógica expansiva de los metadatos.

Si en algo podemos estar de acuerdo cuando observamos el trabajo de Rubén Cárdenas, es que se ha parado a observar minuciosamente el mundo que le rodea; una atención que le permite detectar el entumecimiento perceptivo generado por el ruido contemporáneo. Desde esa posición advierte la condición fragmentaria de lo real y la fragilidad de sus supuestos estructurales. Sus piezas señalan que habitamos una simulación; nos hayamos inmersos en una matrix. Una ficción necesaria de coordenadas de espacio tiempo finitos, cuyos mecanismos inestables dejan entrever fisuras persistentes.

Paradójicamente, lejos de agotarse en la constatación de lo absurdo o del desajuste sistémico, esta perspectiva subraya la potencia del sujeto capaz de percibir tales fallas. Quien reconoce la inconsistencia de aquello que se presenta como normalidad ejerce una capacidad singular para interrogar lo evidente y abrir espacios de indagación. Cuando esa actitud se articula con lenguajes creativos, a través de la imagen y la tecnología, se convierte en un modo de investigación que revela patrones ocultos y expone, con precisión crítica, los cortocircuitos y desbordamientos de la realidad que damos por sentada.

Si sus diseños y creaciones personales se nutren del caos, la multiplicidad y la disrupción, su labor profesional está marcada por una dedicación al ámbito social. Como encargado del Estudio de Arte y Diseño de ATADES, dirige, acompaña y estimula a un grupo de más de treinta artistas con diversidad intelectual, física y sensorial, de entre 22 y 76 años. Este trabajo no es una contradicción con su filosofía; es su otro rostro. Allí donde su trabajo personal busca romper coherencias, su labor profesional busca facilitar espacios de creación, abrir canales, hacer posible que otras voces tengan presencia, difundir trabajos que habitualmente quedan en los márgenes. Su pedagogía, basada en el humor, la experimentación y el juego, refleja su convicción profunda: todo pensamiento creativo, cuando se abre al caos, genera nuevas formas de libertad.

La trayectoria de Cárdenas nos muestra un modo de proceder expansivo. No progresa en línea recta, sino que se ramifica y ramifica en múltiples manifestaciones: diseño gráfico, diseño web, net art o fotografía. En relación a a este último lenguaje, no podemos dejar de mencionar los proyectos fotográficos “Pina de Ebro” y “Gran amarillo”. A pesar de su nombre, “Gran Amarillo” es una serie fotográfica realizada en blanco y negro para Enrique Radigales y en ella capta la tensión entre lo digital y lo físico tal como propone el proyecto original: «una instalación que ahonda en las fisuras entre el mundo físico y su simulación digital» y que oscila entre la plenitud de lo manual y la obsolescencia del código HTML. La mirada fotográfica de Cárdenas transforma esta instalación en un documento visual sobre la fractura, casi metafísica, que habita entre lo analógico y lo digital.

En la serie fotográficaPina de Ebro, Cárdenas vuelve su mirada hacia un paisaje rural cargado de capas históricas (íbera, romana, visigoda, musulmana) y al mismo tiempo saturado de vertederos ilegales, rapaces y signos de abandono. La fotografía documenta lo que ya está corroído, lo que ya se descompone. Pero esa descomposición no es melancólica: es materia de pensamiento. El suelo de Pina de Ebro se convierte en un archivo visual donde el pasado y el presente hacen glitch, donde la naturaleza y la ruina se superponen. La analogía con su metafísica del fallo está clara: el paisaje no espera al artista para revelarse como ruina; ya lo es. Él simplemente lo capta y lo distribuye como signo.

Rubén Cárdenas ha desarrollado su filosofía crítica no solo en imágenes, también a través de la palabra. Aunque su poesía se aborda en otro apartado de nuestra revista, nos parece importante reseñar aquí cómo dicho caudal poético constituye una prolongación orgánica de su pensamiento y de su práctica artística. En proyectos como Sinequia y en sus generadores textuales discordianos, la palabra opera como un laboratorio de la misma metafísica del glitch que atraviesa toda su obra: textos que no buscan la armonía sino la fisura, que asumen el error como método y la deriva como forma de conocimiento. Su poesía, lejos de cualquier sentimentalismo, funciona como una maquinaria lúcida de desestabilización, una escritura que se pliega a la esquizofrenia cuántica que él mismo reivindica y que se expresa en imágenes capaces de revelar el absurdo activo del mundo, no para clausurarlo, sino para abrir en él un espacio radical de libertad.

Para Cárdenas, el “digital” no es un territorio neutral, sino una estratigrafía de fallos y él representaría el papel del cartógrafo, evidenciando las zonas de interferencia, más que el del creador que equilibra y ordena. Su praxis nos invita a dejar de buscar coherencia, rumbo o verdad, para aceptar la confusión como terreno fértil. En un mundo saturado de objetos, impresoras 3D, IA y pantallas, su obra nos recuerda que lo más subversivo quizá sea el error: lo que no se imprime bien, lo que se corta antes del “Enter”, lo que se arrastra como archivo dañado.

En último término, su apuesta ética no está en la restauración de un orden ausente, sino en la creación de otros órdenes posibles. No se trata de salvar al sujeto ni de domar la tecnología, sino de habitar la fisura: aceptar que somos versiones múltiples, duplicadas, en sobresalto. La máquina habla, el humano replica, la identidad se filtra y el error se convierte en palabra.

Si hoy buscamos resignificar el arte frente a la aceleración, la saturación y la uniformización, las creaciones de Rubén Cárdenas puede leerse como una invitación: no para huir del mundo, sino para habitarlo conscientes de la matrix, con ojos desconfiados, juguetones, mirando la ruina y las posibilidades de lo virtual. Porque en la grieta y el fallo de sistema está la potencia. No en la forma acabada, sino en el margen que tiembla.


NOTAS______________________________________________________________________________________________________________________________________________

1.-BENJAMIN, Walter: Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Ciudad de México, 2008. Ed. Itaca, p 44 Benjamin, en su célebre interpretación del Angelus Novus de Paul Klee, describe al “Ángel de la Historia” como una figura que contempla el pasado no como una sucesión de hechos, sino como un único y creciente montón de ruinas. El ángel desearía detenerse, recomponer lo destruido y devolver la vida a lo perdido, pero una tormenta —el llamado “progreso”— lo empuja irremediablemente hacia el futuro. Esta imagen ofrece una crítica radical a la idea moderna de progreso, mostrando la historia como una catástrofe acumulada que la sociedad avanza sin reparar.

2.-El Neoísmo es una red suelta de experimentadores que abrazan el plagio, el absurdo y la revolución cultural por medio de la confusión. Cárdenas se identifica como parte del Frente Neoísta-Discordiano, un colectivo imaginado que une la herencia neoísta con el Discordianismo.

3.-La Patafísica, formulada por Alfred Jarry, se define como “la ciencia de las soluciones imaginarias” y el estudio de las leyes que rigen las excepciones. Concebida como una parodia de la metafísica y de la seriedad científica, la patafísica convierte lo absurdo, lo imposible y lo marginal en principios operativos. Más que una doctrina, es un método lúdico-intelectual que subvierte la lógica convencional y celebra la potencia creadora de lo imaginario. Su influencia atraviesa el surrealismo, el dadaísmo y las vanguardias experimentales, funcionando como un recordatorio de que toda realidad puede ser replanteada desde el absurdo metódico.

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      2020: el año de shŭ

      Eva Villar

      2020: el año de shŭ

      Zaragoza, España, sábado 23 de marzo de 2020, estado de alarma.
      Ciudadana saliendo de su confinamiento, solo quebrantable para la compra de víveres o medicamentos.

       

      Lleva su última mascarilla y su último par de guantes, las farmacias ya no expenden estos artículos de protección básica, tampoco alcohol, la carencia de existencias ha provocado su incautación y racionamiento por parte del Estado: la población sana deberá enfermar para tener acceso a los mismos. En los supermercados falta lejía y cualquier otro tipo de producto desinfectante. Ya lo decía mi abuela paterna: Da igual,  vengan los rojos o los grises… esconde el arroz en el pañal de los niños.

      Zaragoza, España, lunes 16 de marzo de 2020, la misma ciudadana una semana antes. Ella es profesora y esta es su primera clase on-line, ha tenido que adaptarse en 48 horas a la modalidad no presencial sin formación previa y escasos recursos. Aunque estupefacta, ella se siente aliviada por no tener que seguir exponiéndose a situaciones de riesgo.

       

      Por fin el Estado, después de ignorar las advertencias de la OMS y haber estado permitiendo aglomeraciones en todo tipo de partidos deportivos, así como misas, congresos y manifestaciones multitudinarias, admite la evidencia y confina a gran parte de la población de clase media en sus casas.

      Sanitarios y obreros destinados a asegurar necesidades esenciales pasan a primera fila de combate.

       

      Zaragoza, España, viernes 13 de diciembre de 2019, 19:30 de la tarde. Biblioteca de Aragón, presentación del cortometraje Eva de la directora Rosa Gimeno. ¡Viernes 13, por fortuna no soy anglosajona! piensa la ciudadana ahora con botas rojas. Fíjense en su bolso a juego, junto a sus piernas, debajo de la butaca.

      Eva, la de  Rosa Gimeno, encuentra algo que parece ser… ¿qué es eso? ¿una caja? ¿qué está haciendo? ¿va a abrirla?mente.

      Wuhan, China continental, martes 31 de diciembre de 2019, las autoridades sanitarias de Wuhan informan sobre la aparición de veintisiete personas diagnosticadas de síndrome respiratorio agudo grave de origen desconocido; el mundo comienza paulatinamente a convertirse en el escenario del guion de una serie distópica, alguien parece haber abierto la caja de Pandora y no sabemos todavía de cuántos capítulos constará esta serie, eso siempre depende de los índices de audiencia, se admiten apuestas, ¿hacemos una porra? De momento y a 06 de abril de 2020 hay oficialmente más de 1,2 millones de casos diagnosticados por COVID 19 y más de 70.000 muertos en 190 países, el virus se extiende inexorablemente.

      Eva, la Eva de Rosa, ¿o es la ciudadana de la última mascarilla y el último par de guantes?… descubrió en la caja una manzana que ahora muerde en la soledad del confinamiento, deleitándose en los tiempos de la Octava Plaga.

      Soy Eva y me he comido una manzana.

      Nace un nuevo ciclo energético en el año 2020 de shŭ[1], así lo profetiza el horóscopo chino y así lo quieran Pandora y su caja, Eva y su manzana.

      F[1] Primer animal de los 12 que componen el horóscopo chino.

       Fotografía, Eva con mascarilla: Paloma Marina

      Fotografía, Dando clase: : Shi Yunpeng

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      SUNYATA

      Susana Pardo

      SUNYATA

      Bill Viola. Espejos de lo invisible. Casa Milá. Barcelona 2020

      No importa hacia donde enfoquemos la mirada, sólo somos capaces de ver lo que nos devuelve la atención, aquello que se fija en nosotros y nos interpela. Porque no es lo mismo mirar que percibir, aunque las imágenes se suceden ante nuestros ojos por millones al cabo del día, muy pocas llegan a calarnos y permanecer en nuestra memoria.

      Es por esto que Roland Barthes, en su ensayo sobre la fotografía titulado La cámara lúcida, habla de dos características o tipos de imágenes. Por un lado, describe aquellas por las que nos interesamos y despiertan en nosotros un afecto o emoción racional relacionada con la cultura o la moral política a la que nos debemos; este elemento al que denomina “studium” lo diferencia del “punctum” o herida realizada por un ingrediente azaroso, que poseen algunas imágenes, que sale a nuestro encuentro para atravesarnos sin preverlo, atrapa nuestra atención y de alguna manera nos marca inevitablemente para nuestro placer o desasosiego.

       

      Y es evidente que los videoarte de Bill Viola no solo nos miran sino que nos alcanzan y obligan a detenernos a prestar atención. A través del ritmo lento que imprime a las acciones que filma, de su claridad compositiva y de un lenguaje intimista, el artista busca la conexión directa con el espectador para que se introduzca en la aparente sencillez de sus representaciones icónicas y consiga la experiencia con lo inaprensible.

      En nuestro día a día, estamos rodeados por un incesante torrente de imágenes y sonidos, lo que viene a saturar nuestro sistema sensorial y nos impide percibir más allá de lo que nos llega por los sentidos. Nos hemos acostumbrado a estar conectados continuamente a conocidos, compañeros de trabajo, amigos, familiares, a cualquier persona que se comunica desde el otro lado de nuestro mundo global, hasta el punto de no entender la ausencia; se dice que las tecnologías de la comunicación y las redes sociales nos aíslan de la realidad, sin embargo, se revela tanto o más problemático comprobar cómo la experiencia virtual nos niega las opciones del vacío: lo que no se puede ver ni oír, en directo o en dispositivos electrónicos, directamente es la nada, la no existencia, con su consiguiente connotación nihilista. Por el contrario, a diferencia de nuestra cultura occidental donde el vacío y la nada son sinónimos, las culturas orientales relacionan el vacío, con conceptos que se refieren a la comprensión de la realidad o verdad última no manifestada en todo fenómeno. Esto es así en idiomas como el sánscrito donde la palabra sunyata (escrita también shunyata) reúne todos estos significados. Además, el sufijo su- lleva implícito el concepto de posibilidad, de tal manera que la idea de vacío se distancia de la nada total al relacionarla con una realidad mayor y ampliable, una potencialidad para la existencia y el cambio.

       

      El punctum de Barthes por el que solo algunas imágenes quedan retenidas en nuestro cerebro conmocionándonos, nos enfrenta al “esto ha sido” porque ha quedado registrado y lo podemos ver; sin embargo, la percepción sensorial se ve ampliada en los videos de Viola, al ser capaz de relatarnos lo invisible a través de lo visual. Como en Incrementation de 1996, pieza en la que expone visualmente la toma de consciencia de nuestra respiración, como aconsejan los budistas como primer paso para el camino de la salvación. El artista cuenta obsesivamente las respiraciones de un individuo para reparar en el ser, en la propia existencia; al tratar de calmar el ritmo se relajan las emociones. Los lamas budistas aseguran que manejar las emociones es manejar la información.

       

      En sus piezas, el artista aísla las emociones reescribiéndolas de manera artificial, al mismo tiempo que las vacía de causas concretas. Sus imágenes están cargadas de una realidad teatralizada que nos retrotrae al barroco de claroscuros y emociones exacerbadas. Todas ellas rezuman el drama entremezclado con una falsa levedad y sutilidad: sus personajes se mueven lentamente, respiran, duermen, exageran el sufrimiento, andan por el desierto o son sometidos a las inclemencias de los elementos. Una simplicidad que se impone la tarea de mirar de frente al observador y dejar una huella. Bill Viola enmarca y presenta los sentimientos al espectador como una sacudida que le genere estados de ánimo.

      Occidente oculta el drama cotidiano y solo lo magnifica para empaquetarlo como mercancía de intercambio, para el negocio del espectáculo, de la salud o cualquier otro que genere plusvalía; Viola señala el sufrimiento cotidiano extendiendo el tiempo de la acción, algo que ya hemos visto en Giacometti cuando representa la angustia en sus esculturas de caminantes obsesivos. Al cambiar el flujo del tiempo, alargándolo, fija la atención en el suceso que suele ser anodino: los quehaceres de una mujer en el espacio doméstico, contabilizar las respiraciones de un individuo o los hombres y mujeres que caminan por el desierto en paralelo hasta que se abrazan. Actividades cotidianas y acontecimientos que por su simpleza actúan como un mantra meditativo para vaciar nuestros sentidos y mirar detrás de lo visual y de alguna manera trascender la parte física para comprender el dolor del existir.

      Son muchas las referencias que Bill Viola hace a lo sagrado, pero sobre todo en su pieza Mártires otea lo esencial de los cuatro elementos que la filosofía presocrática y la espiritualidad ancestral consideraban sustancias que conforman y dan vida al ser humano. La pieza la integran cuatro pantallas verticales y en cada una de ellas somete a un individuo a la fuerza, e incluso violencia, de la tierra, el aire, el fuego y el agua.

      La tierra representa la madre, la fertilidad y la estabilidad emocional; por el contrario, el aire es lo volátil que permite la vida e inspira las artes y la belleza, además de relacionarse con el pensamiento abstracto y lo intangible que hay alrededor de la materia; el fuego simboliza la parte más energética y luminosa que hay en nosotros, es la posibilidad de cambio, la oportunidad del espíritu a volver a renacer; y por último, el agua es la vida, relacionada con el ámbito de lo femenino, con aquello que nos calma y da paz, es lo que nos une al inconsciente y a los sueños.

      Estas cuatro formas de manifestación de la energía, a priori positivas, el artista las expone en una relación dolorosa y tortuosa con el ser humano. Los individuos están con las manos atadas absolutamente dominados por la agresividad desbocada de los elementos y sometidos a un final penoso. Esta representación relata la falta de conexión con nuestro mundo interior, la necesidad de comprender lo incorpóreo que también nos conforma y llegar a vislumbrar lo que se esconde detrás de la apariencia mimética y racional; acercarse a la verdad que habita en lo espiritual podría ayudar a entender que mas que un final hay una transformación de lo físico.

       

      Viola se posiciona arriesgándose a poetizar el sufrimiento; no le asusta teatralizar el drama y lo hace creando imágenes de gran belleza para trasladarnos a un estado de aceptación donde apreciar y ser conscientes de la tragedia de la existencia. Pero, sobre todo, nos habla de sus propios intereses: la búsqueda del sentido de la condición humana y lo efímero de la vida. Lanza su contraataque para ir más allá de la propia materialidad y trascender el cuerpo que duele. Es valiente al tomar partido en el debate sobre la representación de la violencia en el arte, y las imágenes en general, donde se le podría acusar de estetizar sus videoinstalaciones. Sin embargo, las imágenes que muestran el sufrimiento se vuelven más útiles y reivindicativas en el momento que son atrayentes y consiguen que el espectador entre en un tiempo suspendido creado artificialmente, penetre en la retórica de la emoción y sienta.

       

       

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      LAS SATURNALES

      Marta L. Lázaro – Izurbe

      LAS SATURNALES

      Remezcla audiovisual y literaria para invocar la oscuridad y la lentitud

      La realizadora audiovisual y videojockey Marta L. Lázaro y el polifacético Izurbe son los creadores de Las Saturnales, un espectáculo que parte de la poesía, conjugada con los visuales que, lejos de ser un telón de fondo, son parte esencial para construir el mensaje. Un proyecto donde la apropiación y la remezcla se producen en todos los niveles, desde el texto al vídeo pasando por la música, donde los géneros no están al servicio de formatos estandarizados. Las Saturnales es, en palabras de sus creadores, una oda al desvío lento, su particular visión del tiempo de espera, el espacio vacío, el compás del silencio vitrificado, las ofrendas al propio reflejo.

      La cita con Las Saturnales fue el pasado 23 de enero en la sala reverberante del Laboratorio de Sonido de Etopia, donde resonaron los textos reapropiados de Clarice Lispector, de Rilke, de Eleanor Wilkinson, Iliana Ortega Alcázar, Eric Sadin, James Joyce o Felicia Martínez, todos en la voz de Izurbe, recitados bajo una cascada de píxeles en movimiento. Textos descompuestos y recompuestos sobre las notas de un sintetizador, que no forman un discurso completo, sino fragmentario, en busca de la interconexión por medio de la remezcla del bookjockey del spoken world, Izurbe, por analogía con el proceso la videojockey Marta L. Lázaro.

      La reapropiación y el remontaje funcionan tanto en las palabras como en la música –con referencias a Kraftwerk o New Order- y las imágenes, que la realizadora graba y filtra junto a otras de metraje encontrado. Avenidas zaragozanas, cielos de París. Pinceladas de Metrópolis y cortometrajes del director Hans Ritcher. Enfrentamientos de una imagen y su dualidad, influenciadas por las instalaciones de Isaki Lacuesta.

      El resultado: un proyecto único, pues el visual rompe la norma del formato 16:9 y la pantalla apaisada, para experimentar las posibilidades de sus herramientas y expandirse por toda la arquitectura. Un proyecto inédito que empezó su recorrido en el singular espacio del laboratorio de sonido de Etopia y que ahora continúa su órbita…

      Un espectáculo como este solo podía estrenarse en el contexto de Piloto Rojo, el ciclo de encuentros con creadores y creadoras que transitan entre lo analógico y lo digital, entre las disciplinas y que cada mes se celebra en Etopia Centro de Arte y Tecnología, en Zaragoza.

      Selección de textos de Izurbe para la obra Las Saturnales

      Aurorae
      A partir de no me acuerdo.

      Crecer entre las grietas del disgusto. Un examen en frío de la monomanía impenitente, el instinto de la devoración, para el cual la noción ingenua de la misericordia filial solo creará una sonrisa vestigial. Batir de alas de murciélago en muros de perversidad esmeralda esperanza. Las tres orillas de la noche. [Acordes]: Ese castillo donde un ser abandonado a la penumbra hila melodiosamente su pena. Limbos o lesbianas. Diccionario de la melancolía y el crimen. Agitación en una ciudad desmoronada, tierra adentro. Lejos del ancla que desafía olas y saludos, Palermo mediante. Neblina de prometazina. Deriva de pecio barbado y pómez. Pérdida por disuasión (elisión de una mano ante otra).

       

       

      Lied vom Ich

      A partir de Joyce y Felicia Martínez.

      «Quién soy» y «lo que soy«. La primera es una cuestión política y la segunda, científica o metafísica. ¿O todas las preguntas metafísicas o científicas del “qué” son también cuestiones políticas? Cualquier afirmación que pueda hacer acerca de mi identidad tiene el carácter peculiar y la inquietante cualidad de parecer ficciones.

      La identidad de Don Quijote es a la vez falsa y verdadera; es a la vez imaginada y real.

      Una identidad filosófica “estrictamente” es numérica, en el mundo, el argumento continúa, mientras que lo personal, lo social y lo político son “meros” constructos propensos a la deconstrucción, a lo efímero, a lo ficticio. Finitud e insignificancia

      Clarice

      A partir de Clarice Linspector.

      Fantasma en el cerebro. El valor sonámbulo de abandonarse. Los propios límites producen una sensación física de malestar, inicio de pensamiento que bulle. Vestal de arcano olvidado, de fragmentos incomprensibles del rito. Aferrarse a una mano de cuerpo ausente. Impregnarse de una luz sin belleza ni moral, natural, cruda. Ser fragmentos fonéticos, jeroglíficos, las propias iniciales, esfinge; la primera cobertura. La atmósfera del yo, producto de una serie de reflejos. Tener todo entre comillas. Grumo de siglos, ser apenas un dato histórico. La gran monotonía de una eternidad que respira.

       

      Fotografías: Julián Fallas / Etopia Centro de Arte y Tecnología

      Texto: PILOTO ROJO

      Canal de Youtube de Marta Lázaro

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      UN COUP DE DÉS

       

       

      Cristina Járboles

       

       


      UN COUP DE DÉS


       

       

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      Mallarmé nos plantea mundos, con palabras y silencios que los habitan, del poema surgen infinidad de imágenes, que el azar muestra y oculta.
      Infinito del que formamos parte, y así para acercarnos al poema, para entrar en el poema, tuvimos que lanzarnos al poema, hundirnos en su magma, dejar que sus leyes nos alteraran, ser esa tirada de dados que jamás abolirá el azar.
      Inevitablemente náufragos, poros que se abren a esa voz extrema que nos convoca.
      Y es desde ahí, desde donde referimos las palabras, las voces, los sonidos, las imágenes que nos enlazan al poema.
      En el azar todo está en juego, nosotros mismos estamos en juego, entrando en su cuerpo único, infinito. Único encuentro entre el poema y nosotros.
      Nosotros lanzados, enlazados, multiplicados por Mallarmé.

       

       

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